Conflictos Constructivos

Foto: 123RF. En familia se pueden abordar problemas cotidianos, buscando que cada miembro aporte razones e ideas para solucionarlos. Pero ¿cómo hacer para que un conflicto, que se da como resultado de las diferencias, se convierta en algo constructivo? Básicamente, el entorno familiar es un espacio de comunicación y de encuentros, en los que las relaciones interpersonales están en constante acción.

Dichas relaciones –sostienen los expertos– pueden ser en sí mismas muy amorosas y fluidas como tensionantes y complicadas; el asunto está en saber decantar cada una, de manera acertada y positiva, abriendo espacios de diálogo y aprendizaje, sin llegar a la agresividad.

La guía sobre conflictos familiares de la Universidad Complutense explica que el conflicto puede ser útil “cuando hace posible alcanzar un nuevo plano relacional, es decir, cuando algunos o todos los miembros de la familia modifican, en mayor o menor medida, la forma de entender y manejar la situación que generó el desacuerdo, obteniendo nuevas herramientas para enfrentar futuros conflictos”.

Al definir que el primer espacio en el que los niños se exponen a discusiones es en su hogar, hay que decir que es allí donde el ejemplo es la pauta para que los pequeños inicien un proceso de aprendizaje en la resolución de conflictos.

César Augusto Sierra, psicólogo y director de Psicología del Politécnico Grancolombiano, con sede en Medellín, dice que “lo más importante al tratar de enseñar a los niños es comunicar con el ejemplo; a través de ello, debemos explicarles que se puede discutir, que existen puntos de vista diferentes, sin que esto trascienda en un proceso de rabia hacia el otro, de ira hacia los demás, sino que todo se puede resolver llegando a acuerdos mutuos, lo cual es posible comunicándonos calmada y tranquilamente”.

Además, el que los menores vean a sus padres solucionando sus discrepancias les enseña que es posible superar cualquier dificultad y les envía un mensaje de seguridad en que su hogar se mantendrá unido y en armonía.

Para la doctora July Cárdenas, los padres son los primeros y más importantes maestros de sus hijos. “Si son papás conciliadores que buscan ambientes de diálogo para resolver sus diferencias, sus hijos lo aprenderán, pero si, por el contrario, son padres que se expresan con gritos y de forma agresiva, también lo aprenderán, y lo manifestarán cada vez que deban enfrentarse a una situación conflictiva”.

Por su parte, Sierra añade que cuando los padres de familia asumen una posición mediadora frente a los conflictos y, además, lo hacen delante de sus pequeños con una actitud mediática, permitiendo que presencien su diálogo, sus niños irán generando patrones de conducta similares en sus relaciones futuras no solo con la familia, sino que lo replicarán con sus amigos o con los adultos con los que se relacionen.

Ahora, si de forma errada los conflictos en el hogar se dirimen de manera hostil, con enojo y bajo tácticas como la agresión física o verbal, la amenaza y el insulto personal, esa discusión equivocada puede afectar la seguridad emocional de los pequeños porque los lleva a experimentar preocupación, ansiedad, miedo y desesperanza.

Estrategias para que aprendan con el ejemplo
La psicóloga y directora del Centro Psicopedagógico De la Mano, July Cárdenas, sugiere que lo primero que los padres deben poner en práctica y, obviamente, enseñar a sus niños son algunas estrategias básicas de autocontrol emocional que les permitan enfrentarse acertadamente a ciertas emociones como la ira y el enojo. “Existen dinámicas que se trabajan con los niños en edad escolar y que también son válidas para los adultos, como, por ejemplo: la del pez globito, que cada que se enoja respira profundo varias veces para inflarse; la técnica de la tortuga, que se esconde y aprieta sus puños al enojarse; contar lentamente hasta 10 e incluso, la técnica de comportarse como estatua”.

Todas ellas les permitirán mantener el control, dialogar exponiendo sus argumentos y pensando en la forma cómo ambas partes involucradas en el conflicto pueden salir beneficiadas. “Es importante mostrar a los niños que al asumir un conflicto de forma agresiva, lo que haremos es que el problema se vuelva más grande y que todos los involucrados vivan tristes, enojados y amargados”.

El doctor César Augusto Sierra recomienda que, en familia, se identifiquen las situaciones que pueden desencadenar un conflicto y se inicie un juego.

“Una técnica muy amigable con los niños es la de simulación, en la que, a partir de preguntas, los involucremos en la resolución de conflictos. Diciendo, por ejemplo: ¿tú qué harías frente a esta situación? ¿Tú qué no harías? ¿Por qué te parece que esta es la mejor solución del problema? Así, nuestros niños van a entender que ante un conflicto lo indicado es dialogar, que existen distintos puntos de vista, pero que debemos llegar a acuerdos”. Las situaciones propuestas deben ser simples, como decidir si vamos a pasear o al cine, por qué arreglar o no el cuarto o cuándo y por qué compartir los juguetes. En fin, casos cotidianos del día a día.

By: eltiempo.com


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